miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 4.

Un hombre alto, rubio, de mandíbula cuadrada en un traje oscuro brinca fuera y agachándose, lentamente corre hacia nosotros. Estrechando manos con Zayn, grita por encima del ruido de las hélices.

—Listo para irse, señor. ¡Es todo suyo!

—¿Todas las verificaciones hechas?

—Sí, señor.

—¿Lo recogerás alrededor de las ocho y media?

—Sí, señor.

—Taylor está esperando por ti afuera en el frente.

—Gracias, Sr. Malik. Viaje a salvo a Portland. Señora. —Me saluda.

Sin soltarme, Zayn asiente, se agacha y me conduce a la puerta del helicóptero.

Una vez dentro me abrocha firmemente el arnés. Ciñendo las correas apretadamente. Me da una mirada conocedora y su sonrisa secreta.

—Esto te mantendrá en tu lugar —murmura—. Debo decir que me gusta este arnés en ti. No toques nada.

Me sonrojo de un profundo carmesí, y corre su dedo índice hacia abajo por mi mejilla antes de colgarme los audífonos. Me gustaría tocarte también, pero no vas a dejarme. Le frunzo el ceño. Además ha puesto las correas tan ceñidas que apenas puedo moverme.

Se sienta en su lugar y se pone las correas a sí mismo. Entonces empieza a hacer todas sus comprobaciones antes del vuelo. Es simplemente tan competente. Es muy atrayente. Se pone sus audífonos, enciende el interruptor y las hélices aceleran, aturdiéndome.
Girando, me mira.

—¿Lista, nena? —Su voz hace eco a través de los audífonos.

—Sí.

Sonríe con su sonrisa de niño. Wow, no la he visto desde hace mucho.

—Torre Sea-Tac, aquí Charlie Tango–Tango Eco Hotel, permiso para partir de Portland vía PDX, Por favor confirme, cambio.

La voz incorpórea del controlador de tráfico aéreo contesta, dando instrucciones.

—Roger, torre, Charlie Tango lista, Cambio y fuera. —Zayn enciende dos interruptores, aferra la palanca, y el helicóptero se eleva lenta y suavemente hacia el cielo del atardecer.

Seattle y mi estómago caen lejos de nosotros, y hay tanto que ver.

—Perseguimos el amanecer Anastasia, ahora el atardecer.

Su voz viene a través de los audífonos. Me giro para mirarlo sorprendida.
¿A qué se refiere? ¿Cómo es que puede decir las cosas más románticas? Sonríe, y no puede evitarlo, pero le sonrío de vuelta, tímidamente.

—Aunque con el sol de la tarde, hay mucho más que ver esta vez —dice.

La última vez que volamos a Seattle estaba oscuro, pero esta tarde, la vista es espectacular, literalmente fuera de este mundo. Estamos por encima de los edificios más altos, yendo más y más alto.

—Escala está ahí fuera. —Señala hacia el edificio—. Desde allí puedes ver la aguja espacial. —Estiro mi cabeza.

—Nunca he ido.

—Te llevaré, podemos comer ahí.

¿Qué?

—Zayn, rompimos.

—Lo sé. Pero de todos modos puedo llevarte ahí y alimentarte. —Me mira encolerizado.

Sacudo mi cabeza y me sonrojo antes de tomar un método menos confrontacional.

—Es muy hermoso aquí arriba, gracias.

—Impresionante, ¿no?

—Es impresionante que puedas hacer esto.

—¿Halagos de usted, señorita Steele? Pero soy un hombre de muchos talentos.

—Estoy completamente consciente de eso, Sr. Malik.

Gira y me sonríe, y por primera vez en cinco días. Me relajo un poco, quizás esto no será tan malo.

—¿Cómo es el nuevo trabajo?

—Bien, gracias por el interés.

—¿Cómo es tu nuevo jefe?

—Oh, está bien. —¿Cómo puedo decirle a Zayn que Jack me hace sentir incómoda? Zayn se gira y me mira atentamente.

—¿Qué está mal? —pregunta.

—Aparte de lo obvio, nada.

—¿Lo obvio?

—Oh, Zayn, realmente a veces eres muy obtuso.

—¿Obtuso? ¿Yo? Tengo la impresión de que no me gusta ese tono, señorita Steele.

—Bien, entonces no lo hagas.

Sus labios se curvan en una sonrisa.

—He extrañado tu rápida boca.

Jadeo y quiero gritar: ¡Yo extrañé todo de ti…no solo tu boca! Pero me callo y miro fijamente hacia fuera del vidrio de pecera que es el parabrisas de Charlie Tango mientras continuamos hacia el sur. El atardecer está hacia nuestra derecha, el sol bajo en el horizonte—grande, resplandeciendo con un llameante naranja— y soy Ícaro nuevamente, volando demasiado cerca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario