Mi
boca se seca. Se ve glorioso excepto porque está frunciéndome el ceño.
¡Oh, no!
—¿Cuándo fue la última vez que comiste? —me suelta en cuanto entro y Taylor cierra la puerta.
Mierda
—Hola, Zayn. Sí, es bueno verte también.
—No quiero tu boca rápida ahora. Respóndeme. —Sus ojos llamean.
Santa cielo
—Mmm… tomé un yogurt a la hora de almuerzo. Ah, y un plátano.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste una comida apropiada? —pregunta
ásperamente.
Taylor se desliza en el asiento del conductor y enciende el auto, y nos pone en el tráfico.
Miró hacia arriba y Jack está ondeando una mano hacia mí, como si pudiera verme a través del vidrio oscuro, no sé. Ondeo una mano de vuelta.
—¿Quién es ese? —suelta Zayn.
—Mi jefe. —Espío al hermoso hombre a mi lado, y su boca está presionada en una dura línea.
—¿Y bien? ¿Tu última comida?
—Zayn, eso realmente no es asunto tuyo —murmuro, sintiéndome extraordinariamente valiente.
—Cualquier cosa que hagas es asunto mío. Dime.
No, no lo es. Gimo en frustración, rodando mis ojos hacia el cielo, y Zayn entrecierra los ojos. Y por primera vez en mucho tiempo, quiero reír. Trato fuertemente de contener la risa nerviosa que trata de burbujear hacia arriba. El rostro de Zayn se suaviza mientras me esfuerzo por mantener el rostro serio, y veo un trazo de sonrisa besando sus esculpidos labios.
—¿Y bien? —pregunta, su voz más suave.
—Pasta alla vongole, el viernes pasado —susurro.
Cierra los ojos mientras la furia y posiblemente remordimiento, barren a través de su rostro.
—Ya veo —dice, su voz inexpresiva—. Parece que has perdido al menos dos kilos posiblemente más desde entonces. Por favor come, Anastasia.
Miro fijamente mis dedos entrelazados en mi regazo. ¿Por qué siempre me hace sentir como una niña errante?
Cambia de posición y gira hacia mí.
—¿Cómo estás? —pregunta, su voz aún suave.
Bien, como la mierda realmente… trago.
—Si te dijera que he estado bien, estaría mintiendo.
Inhala bruscamente.
—Yo también —murmura, se acerca y toma mi mano—Te extraño —agrega.
Oh no. Piel contra piel.
—Zayn, yo…
—Anastasia, por favor. Necesitamos hablar.
Voy a llorar. No.
—Zayn, yo… por favor… ya he llorado mucho —murmuro, tratando de mantener mis emociones bajo control.
—Oh, nena, no. —Jala mi mano, y antes de que me dé cuenta, estoy sobre su regazo. Tiene sus brazos a mi alrededor, y su nariz está en mi cabello— Te he extrañado demasiado, Anastasia. —susurra.
Quiero forcejear fuera de su agarre, mantener alguna distancia, pero sus brazos están envueltos alrededor de mí. Me presiona contra su pecho. Me derrito. Oh, aquí es donde quiero estar.
Descanso mi cabeza junto a la suya, y el besa mi cabello repetidamente. Este es el hogar. Huele a lino, suavizante de ropa, gel de baño, y mi olor favorito, Zayn.
Por un momento, me permito la ilusión de que todo va a estar bien, y eso alivia mi alma devastada.
Algunos minutos más tarde, Taylor se detiene en el borde de la acera, aunque todavía estamos en la ciudad.
—Vamos. —Zayn me mueve fuera de su regazo—Hemos llegado.
¿Qué?
—Helipuerto en lo alto de este edificio. —Zayn mira hacía el edificio a moda de explicación.
Por supuesto. Charlie Tango. Taylor abre la puerta y me deslizo fuera. Me da una sonrisa cálida, como la de un tío que hace que me sienta segura. Le sonrío de vuelta.
—Debería devolverte el pañuelo.
—Consérvelo, señorita Steele, con mis mejores deseos.
Me sonrojo mientras Zayn viene alrededor del auto y toma mi mano. Mira intrigado a Taylor, quien le devuelve la mirada impasiblemente, sin revelar nada.
—¿A las nueve? —le dice Zayn.
—Sí, señor.
Zayn asiente mientras gira y me conduce a través de las puertas dobles dentro del grandioso vestíbulo. Reparo en la sensación de sus grandes manos y sus largos y expertos dedos curvados alrededor de la mía. Siento la familiar presión. Estoy atraída, como Ícaro hacia su sol. Me he quemado ya, y aun así estoy aquí nuevamente.
Alcanzando los elevadores, presiona el botón de llamada. Doy una mirada hacia él y está vistiendo su enigmática media sonrisa. Mientras las puertas se abren, suelta mi mano y me conduce dentro.
Las puertas se cierran y arriesgo una segunda mirada. Él mira hacia mí, vivos ojos mieles, y ahí está en el aire entre nosotros, esa electricidad. Es palpable. Puedo incluso probarla, pulsando entre nosotros, jalándonos juntos.
—Oh dios… —Jadeo mientras me deleito brevemente en la intensidad de esta atracción visceral, primitiva.
—Yo también lo noto —dice, sus ojos nublados e intensos.
El deseo pulsa oscura y letalmente en mi ingle. Toma mi mano y roza mis nudillos con su pulgar, y todos mis músculos se contraen tensándose, deliciosa y profundamente en mi interior.
Santo cielo. ¿Cómo puede seguir haciéndome esto?
—Por favor no muerdas tu labio, Anastasia —susurra.
Miro hacia él, liberando mi labio. Lo deseo. Aquí, ahora, en el elevador. ¿Cómo no podría?
—Sabes lo que eso me hace —murmura.
Oh, sigo afectándolo. Mi Diosa interior despierta de su enfado de cinco días.
Abruptamente la puerta se abre, rompiendo el hechizo, y estamos en la azotea.
Hace viento, y a pesar de mi chaqueta negra, estoy fría. Zayn pone su brazo a mi alrededor, jalándome a su lado, y nos apresuramos al otro lado donde Charlie Tango está en el centro del helipuerto con sus hélices girando lentamente.
¡Oh, no!
—¿Cuándo fue la última vez que comiste? —me suelta en cuanto entro y Taylor cierra la puerta.
Mierda
—Hola, Zayn. Sí, es bueno verte también.
—No quiero tu boca rápida ahora. Respóndeme. —Sus ojos llamean.
Santa cielo
—Mmm… tomé un yogurt a la hora de almuerzo. Ah, y un plátano.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste una comida apropiada? —pregunta
ásperamente.
Taylor se desliza en el asiento del conductor y enciende el auto, y nos pone en el tráfico.
Miró hacia arriba y Jack está ondeando una mano hacia mí, como si pudiera verme a través del vidrio oscuro, no sé. Ondeo una mano de vuelta.
—¿Quién es ese? —suelta Zayn.
—Mi jefe. —Espío al hermoso hombre a mi lado, y su boca está presionada en una dura línea.
—¿Y bien? ¿Tu última comida?
—Zayn, eso realmente no es asunto tuyo —murmuro, sintiéndome extraordinariamente valiente.
—Cualquier cosa que hagas es asunto mío. Dime.
No, no lo es. Gimo en frustración, rodando mis ojos hacia el cielo, y Zayn entrecierra los ojos. Y por primera vez en mucho tiempo, quiero reír. Trato fuertemente de contener la risa nerviosa que trata de burbujear hacia arriba. El rostro de Zayn se suaviza mientras me esfuerzo por mantener el rostro serio, y veo un trazo de sonrisa besando sus esculpidos labios.
—¿Y bien? —pregunta, su voz más suave.
—Pasta alla vongole, el viernes pasado —susurro.
Cierra los ojos mientras la furia y posiblemente remordimiento, barren a través de su rostro.
—Ya veo —dice, su voz inexpresiva—. Parece que has perdido al menos dos kilos posiblemente más desde entonces. Por favor come, Anastasia.
Miro fijamente mis dedos entrelazados en mi regazo. ¿Por qué siempre me hace sentir como una niña errante?
Cambia de posición y gira hacia mí.
—¿Cómo estás? —pregunta, su voz aún suave.
Bien, como la mierda realmente… trago.
—Si te dijera que he estado bien, estaría mintiendo.
Inhala bruscamente.
—Yo también —murmura, se acerca y toma mi mano—Te extraño —agrega.
Oh no. Piel contra piel.
—Zayn, yo…
—Anastasia, por favor. Necesitamos hablar.
Voy a llorar. No.
—Zayn, yo… por favor… ya he llorado mucho —murmuro, tratando de mantener mis emociones bajo control.
—Oh, nena, no. —Jala mi mano, y antes de que me dé cuenta, estoy sobre su regazo. Tiene sus brazos a mi alrededor, y su nariz está en mi cabello— Te he extrañado demasiado, Anastasia. —susurra.
Quiero forcejear fuera de su agarre, mantener alguna distancia, pero sus brazos están envueltos alrededor de mí. Me presiona contra su pecho. Me derrito. Oh, aquí es donde quiero estar.
Descanso mi cabeza junto a la suya, y el besa mi cabello repetidamente. Este es el hogar. Huele a lino, suavizante de ropa, gel de baño, y mi olor favorito, Zayn.
Por un momento, me permito la ilusión de que todo va a estar bien, y eso alivia mi alma devastada.
Algunos minutos más tarde, Taylor se detiene en el borde de la acera, aunque todavía estamos en la ciudad.
—Vamos. —Zayn me mueve fuera de su regazo—Hemos llegado.
¿Qué?
—Helipuerto en lo alto de este edificio. —Zayn mira hacía el edificio a moda de explicación.
Por supuesto. Charlie Tango. Taylor abre la puerta y me deslizo fuera. Me da una sonrisa cálida, como la de un tío que hace que me sienta segura. Le sonrío de vuelta.
—Debería devolverte el pañuelo.
—Consérvelo, señorita Steele, con mis mejores deseos.
Me sonrojo mientras Zayn viene alrededor del auto y toma mi mano. Mira intrigado a Taylor, quien le devuelve la mirada impasiblemente, sin revelar nada.
—¿A las nueve? —le dice Zayn.
—Sí, señor.
Zayn asiente mientras gira y me conduce a través de las puertas dobles dentro del grandioso vestíbulo. Reparo en la sensación de sus grandes manos y sus largos y expertos dedos curvados alrededor de la mía. Siento la familiar presión. Estoy atraída, como Ícaro hacia su sol. Me he quemado ya, y aun así estoy aquí nuevamente.
Alcanzando los elevadores, presiona el botón de llamada. Doy una mirada hacia él y está vistiendo su enigmática media sonrisa. Mientras las puertas se abren, suelta mi mano y me conduce dentro.
Las puertas se cierran y arriesgo una segunda mirada. Él mira hacia mí, vivos ojos mieles, y ahí está en el aire entre nosotros, esa electricidad. Es palpable. Puedo incluso probarla, pulsando entre nosotros, jalándonos juntos.
—Oh dios… —Jadeo mientras me deleito brevemente en la intensidad de esta atracción visceral, primitiva.
—Yo también lo noto —dice, sus ojos nublados e intensos.
El deseo pulsa oscura y letalmente en mi ingle. Toma mi mano y roza mis nudillos con su pulgar, y todos mis músculos se contraen tensándose, deliciosa y profundamente en mi interior.
Santo cielo. ¿Cómo puede seguir haciéndome esto?
—Por favor no muerdas tu labio, Anastasia —susurra.
Miro hacia él, liberando mi labio. Lo deseo. Aquí, ahora, en el elevador. ¿Cómo no podría?
—Sabes lo que eso me hace —murmura.
Oh, sigo afectándolo. Mi Diosa interior despierta de su enfado de cinco días.
Abruptamente la puerta se abre, rompiendo el hechizo, y estamos en la azotea.
Hace viento, y a pesar de mi chaqueta negra, estoy fría. Zayn pone su brazo a mi alrededor, jalándome a su lado, y nos apresuramos al otro lado donde Charlie Tango está en el centro del helipuerto con sus hélices girando lentamente.

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